Surgió de la iniciativa de un grupo de profesores y asistentes de la educación de la Escuela Gabriela Mistral, que vieron como la vulnerabilidad social se hacía cada vez más compleja en el sector de la villa Alto Aconcagua, a causa de la crisis sanitaria. Se organizaron y comenzaron una olla común que una vez por semana entregaba almuerzos a las familias que más lo necesitaban. Primero fueron cuarenta almuerzos, luego ochenta, llegando incluso a preparar 400 raciones de comida.
Un trabajo desinteresado que permitió apoyar a muchas familias que incluso al día de hoy, no tienen otra opción de acceder a la alimentación diaria.